sábado, 7 de junio de 2025

011 Los tres milagros

Siempre que uno piensa en los profetas, se imagina cosas. Se imagina a una persona barbuda, desgreñada, desarrapada. No es imprescindible que esté limpio, como en las películas. Más bien, la limpieza resultaría sospechosa en un buen profeta. Nos imaginamos a una persona medio deshecha, como si se nos apareciera después de un accidente. Una persona que se acerca renqueante al pueblo, a la ciudad. Llega a la plaza y, con los ojos desorbitados, lanza su maldición.

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