Al principio fui yo solo Si,
exactamente era así. Aquel pasado remoto y yo existiendo y
existiendo solo o sin saber de ningún otro, lo que para el caso, si
no es lo mismo es equivalente. Una soledad, la mía que se desconocía
a si misma puesto que, por aquel entonces, no tenía ni idea de lo
que era estar en compañía.
Ni siquiera sabia que existían otros
que, como yo, pertenecían a eso que, luego supe, se llamaba mi
especie . Los hechos sucedieron poco a poco. Al principio no tenía
evidencia alguna de vida inteligente. Solo yo era listo. Solo yo era
magnifico. Solo yo podía; ver, mirar, pensar, desplazarme, comer,
merodear o cualquiera otra cosa que se me ocurriese.
Lo podía hacer todo y ningún ser
podía sostenerme la mirada Esto último es un decir. La verdad es
que los seres se dividían en dos. Los que no me interesaban en
absoluto y los que me servían de alimento Entre estos últimos los
había más sabrosos menos sabrosos Una escala de tonos que me
hacían disfrutar, mñas o menos, cuando los devoraba.
Aquella situación de inocencia. Aquel,
no saber de los demás. Aquel, vivir en soledad fue mi paraíso
porque, al principio, yo vivía en el paraíso. Comprender que uno no
está solo toma su tiempo. Desde luego a mi me llevó lo mío
enterarme que existían eso que llamamos otros.
Un día observe algo que nunca antes
había observado Un ser extraño, tanto por su figura, como por su
comportamiento. Lo observe, lo volví a observar y por un instante
supe algo desasosegante El ser al que observaba, también me estaba
observando a mi Me miraba como yo a él, como preguntándose, si era
un bicho interesante para comer o si por el contrario era un bicho al
que olvidar. Porque los dos, nos veíamos por primera vez
La sorpresa de encontrar a un semejante
queda desvirtuada por el mero hecho de no saber que un semejante
pueda existir Eso nos pasí, que aquel momento cumbre de nuestra
existencia Pasó sin el debido redoble de tambores, sin la pompa que
la circunstancia hubiera requerido
Total que al cabo de observarnos, nos
reconocimos como iguales Antes de eso por supuesto que nos
abalanzamos el uno contra el otro. Con intención de devorarnos pero
como no conseguíamos nada. En cada intento fracasado nos cansábamos
más y más Empezamos a vislumbrar que algo extraño sucedía con
aquel ser que no se dejaba devorar Esto nos llevo a observarnos Con
más detenimiento Con más curiosidad Con más aprensión
Por supuesto no participábamos del
mismo lenguaje y no podíamos comunicarnos Sin embargo un hecho
fortuito vino a resolver la primera parte del enigma Un delicioso
bocado de tres patas paso ante nosotros Nos miramos y le miramos Era
uno de esos bichos interesantes que saben bien, que son fáciles de
coger y de digerir Ese conocimiento era compartido por “el otro”
En un momento dado nos abalanzamos
sobre la comida y, cada uno por su lado, comenzamos a darnos un
festín. Cuando nuestras bocas llegaron a rozarse nos detuvimos.
Aquella fue la primera vez que compartimos algo con alguien Aquella
fue la primera vez que comimos en compañía de alguien. Luego hubo
otras muchas primeras veces.
Vivir fuera del tiempo le hace a uno
tener perspectivas distintas Para nosotros la derivada temporal de
cualquier cosa es cero. Para los demás bichos cualquier derivada
temporal de cualquier variable nunca es nula Por eso, viven
sujetos a la entropía y por eso no pueden percibirnos.
Solo cuando se les devora, algunos se dan cuanta de algo, pero lo
achacan a la entropía y a su derivada del tiempo Así
que nuestras piezas de caza, ni nos ven ni nos entienden Por eso
siempre están dispuestas a ser devoradas, Como nos ignoran no
pueden ni esconderse ni defenderse, ni tan siquiera saber que son
parte de nuestra dieta,
A eso le llaman cosas raras, como
morir, desaparecer o desvanecerse
Post scriptum La descripción
literaria de la entropía tiene que ser la de un monstruo Pero si es
un monstruo, tiene que haber toda una especie de esos monstruos. Los
monstruos nunca están solos
FIN

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