lunes, 21 de julio de 2025

014 Investigationem.


Hace cinco mil setecientos setenta y cinco años, cuando Dios creó la Tierra...

 


La Tierra estaba impoluta, sin mácula. El demonio, intentando confundir a los hombres, ideó una mentira: una mentira grandiosa y colosal.
Satanás se dijo: «Voy a hacer que el hombre deje de ser el culmen de la creación. Voy a destruir en el hombre el pacto que ha hecho con Dios. Destruiré la confianza que hoy deposita en Dios».

Lo primero fue sencillo, un juego de niños. Lo primero fue lo del árbol de la ciencia, lo de la serpiente, lo de la manzana. Cuando ya los hombres estaban desperdigados por el mundo,
Satanás comenzó a poner furtivamente, una a una, las huellas de un pasado inexistente. Poco a poco, con su arte diabólico, fue prodigando aquí y allí, uno a uno, marcas sobre las rocas, dentro de las rocas, debajo de las rocas, al lado de los ríos, de los caminos, de las montañas, de las llanuras. Se tomó su tiempo para que no quedasen evidencias de su impostura. Cinco mil setecientos setenta y cinco años tardó el demonio en tenerlo todo preparado.

Cuando ya todo estuvo en su sitio, encontró un hombre, a un buen hombre, a un hombre honrado, a un sabio, para que le sirviera en su engaño. Lo halló en París. Encontró a
Cuvier. Cuvier, creyendo servir a la verdad, siguió los pasos del maligno. Satanás le fue mostrando, uno a uno, algunos de sus embustes de piedra. Y aquel filósofo natural creyó haber descubierto lo que Satanás le estaba mostrando. Lo divulgó como ciencia, como verdad. Y así, de esta manera, se escribió una historia de la Tierra distinta de la que había sido.

Una legión de científicos se abalanzó sobre la geografía. Llenaron los museos de más y más piezas, que llamaron fósiles. Y aquellos hombres recorrían, con la verdad de la evidencia, el camino de la mentira, del diablo: el camino de las pruebas falsificadas, el camino que alejaba el principio de la Tierra hasta más allá de lo imposible. Creyeron en las pruebas falsas del demonio.

Construyeron sobre ellas una ciencia. La llamaron geología.
Más tarde, el diablo inspiró a
Darwin. Surgió la teoría de la evolución, uno de los dogmas satánicos, uno de los fundamentos del descrédito de la creación. Y el diablo aporta más y más pruebas, y los geólogos ya saben, mejor que antes, dónde encontrarlas. Salen en expediciones, financiadas para buscar la verdad. Regresan con artefactos falsificados, con los que Satanás les guía para escribir la nueva y falsa historia de la Tierra.

Las marcas en la roca insisten en la aberración de los fósiles. Esas marcas nos cuentan una mentira: un pasado inexistente, una mentira grandiosa y colosal. Con ella pretende que los hombres crean que provienen de los animales inferiores. Con ella,
Satanás logra que los hombres se alejen cada vez más de su principio, que los hombres se acerquen más a su final.

De Investigationem Geologorum libera nos, Domine.

FIN




Post Scriptum: “..como son cuestiones enigmáticas pueden prestarse a muchas conjeturas


 
 

 

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