martes, 21 de abril de 2026

033 La Economìa según Salomón Landau.

In Memoriam

Salomón Landau, matemático de origen polaco. Nacido en el año de la cabra de metal. Perseguido por los nazis. Declarado enemigo de su pueblo. Erudito de la cábala. Estudioso de los números. Admirador de Ramanujan. Asesinado en Nueva York, el año que le correspondió. Salomón descubrió algo. Algo que le acabaría llevando a la muerte.



Sus estudios sobre las matemáticas no le permitían subsistir. Así que encontró un pequeño sueldo. Un trabajo modesto de contable en la cadena de fruterías del
Signore Sangiorgio. Su patrón era un hombre bueno y afable al que le gustaba decir que “le tenía becado”. La primera frutería de Brooklyn que otorgaba una beca para estudiar matemáticas.

La realidad era que
Salomón no era un sabio, mucho menos un erudito. Podía pasar por erudito del Talmud entre los italianos de Queens y por matemático entre los eruditos del Talmud. Pero nunca pasaría más allá de la medianía entre los matemáticos, ni de advenedizo entre los adictos al Talmud.

“La matemática es el esqueleto del Talmud, el perfume del universo”, afirmaba ante quien quisiera oírle, aunque cada vez eran menos los que le escuchaban.

Sin embargo, el Señor concede la iluminación a los más inesperados, a aquellos que tienen que dedicar su vida a lo que no desean, a lo que no les gusta, a lo que no les satisface. La iluminación consiste en encontrar una nueva vía, un nuevo camino, una nueva visión. Una visión distinta y radical, que partiendo de lo conocido nos dirige hacia otra dirección, hacia otro camino, hacia otro abismo, que acaba creando un nuevo mundo.

El misterio que encontró el Sr.
Landau tiene que ver con la física y con las matemáticas, con la economía y con la bolsa, con la venta al por mayor y al por menor, con la forma, en fin, de organizar la sociedad tal y como la conocemos. Por eso Salomón se adelantó a su tiempo y a su propia muerte. Porque, según él mismo: “las verdades siguen trayectorias determinadas”. Sí, tan malo era llegar antes de tiempo como no llegar en absoluto. La verdad se regía por un factor temporal que, “o era el correcto, o las invalidaba”.

Esta dependencia temporal de la verdad hacía que el mundo se radicalizase, desde una perspectiva social y económica. Lo importante no iba a ser la ideología, sino la guerra entre las mismas. Ese
agón de los griegos, que ya Nietzsche entreviera.

Lo que en realidad descubrió
Salomón fue que el Diablo era el que movía el mundo, que se podía trazar su actividad como una trayectoria.

Salomón dedicó muchas de sus horas de insomnio a descubrir una relación entre la termodinámica y la economía. Según él, la termodinámica debía de ser la quintaesencia de la economía, y sus ecuaciones coincidir con las de la economía. Esta hipótesis le llevó a rastrear en las obras de Carathéodory y...

No vamos a describir aquí la labor de acecho que precedió al descubrimiento. No aportaría nada a nuestra historia. Baste decir que el Sr.
Landau descubrió que la entropía física de la termodinámica, en economía, se correspondía con la mentira. En cada transacción la mentira siempre crecía. No solo eso: la mentira hacía moverse a la economía y, por lo tanto, al mundo.

Según el Sr.
Landau, las empresas económicas se basan en la mentira, en el engaño.

Describió su modelo de evolución de la mentira, su sistemática de evolución de las sociedades. Eran siete fases. Siete fases que aún estamos recorriendo.

La
primera fase consiste en engañar al cliente con la mercancía. Viajar muy lejos a comprar lo que allí nadie sabe que tiene valor. Cambiar cuentas de vidrio por oro o por casiterita. Es el engaño inmediato, el más simple, el primero. El que permitió el desarrollo de Tiro y de Cartago.

La
segunda fase del engaño en el mundo contemporáneo tiene lugar cuando en las empresas capitalistas se explota al obrero. Hay toda una literatura sobre el concepto de plusvalía. Toda una ideología creada sobre esta observación parcial de los hechos.

La
tercera fase coincide con dos revoluciones: la del marketing y la de la publicidad. Se extiende la base de la mentira hacia la cartera de clientes. Estos son más y mejor engañados con las nuevas técnicas que utilizan los gerentes.

La
cuarta fase: aquí el engaño se hace más intensivo y más extensivo. Tiene que ver con la bolsa. El engaño se extiende hacia la propiedad. La complejidad de las empresas hace que su gestión la realicen personas a sueldo de la propiedad, personas que tienen que seguir percibiendo sus grandes salarios. Para ello, no dudan en maquillar balances y cuentas de resultados. Sustituyen la gestión por la digestión de grandes mentiras, mentiras soportadas por la prensa especializada, mentiras orientadas a hacer que suba la acción, a “crear valor para el accionista”. Mentiras más elaboradas que utilizan las cadenas de Markov o la fórmula de Black y Scholes.

La
quinta fase consistirá en acaparar, por medio de engaños o intereses creados, las subvenciones de organismos estatales o internacionales. Es decir, engañar a los políticos y a las naciones. Ya hay en marcha espléndidos proyectos económicos sobre este supuesto, en nombre de ONG y causas sin tacha.

La
sexta fase tiene que ser necesariamente la tendencia a apoderarse del gobierno del mundo. No existe otra salida más que la toma del poder mundial. Es el único epílogo lógico. La mentira no puede permitir que haya un poder enfrente, que se la critique o se la fiscalice. La mentira habrá de ser soberana, como antes lo fueron las naciones. Todavía no hemos llegado a ello.

La
séptima fase tendría que administrarse desde la religión porque “ninguna luz deberá iluminar la cara del maligno” y así su red totalitaria se habrá cerrado sobre la humanidad y también sobre el pueblo elegido porque “los elegidos por Dios son ignominiosos a los ojos del maligno” y así, algún Hitler revivido imperará sobre el pueblo y sobre todas las naciones.

Los elegidos por Dios para expresar sus verdades suelen morir a manos de los creyentes, porque la comodidad de la oración diaria no permite a nadie que venga a enturbiarla. Así, sin mucho entendimiento. Primero fueron las condenas a
Salomón de los poderosos hombres de negocios. Luego, también se volvieron contra él aquellos a quienes quería advertir. Algunos de sus hermanos le señalaron con el dedo diciendo: "He aquí que viene sobre nosotros y nos propone la mentira como ídolo, he aquí al enemigo de Dios, al profeta del diablo, al exterminador del pueblo”.

Como suele acaecer, los que señalan con el dedo nunca son juzgados por el asesinato que comienzan y así, las palabras de los que le rechazaron en público continuaron su viaje, hasta que cayeron en los oídos adecuados, en donde plantaron su semilla de odio. Al cabo, el tiempo hizo que
Salomón cayera asesinado.

Lo que nadie supo comprender es que
Salomón no era profeta de nadie, que lo suyo no era una teoría, ni matemática, ni política, ni religiosa. Lo suyo fue el descubrimiento de un hecho. Un hecho universal que él centró en la economía. No propuso doctrina ni salvación para el enigma, sobre todo porque la desconocía, y así Salomón murió de muerte natural. Porque el que se enfrenta al mundo, es natural que muera.

”Hasta aquí la historia que alguien me contó”.

FIN

Post scriptum. La importancia de los nombres es relativa. Este Salomón Landau no existió como tal. Aquí solo es un personaje, un pretexto. Pero todas y cada una de las situaciones que se le adjudican al personaje sí que existieron... por separado.

 

 

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