La vida de Salomón Landau fue efímera, pero Salomón Landau fue un mártir de su propia causa, de sus teorías. Los mártires, aquellos que son sacrificados en aras de sus ideas, dejan discípulos tras de sí.
A
raíz de la publicación de la Historia de Salomón,
he recibido una correspondencia anónima de quienes se denominan
“Discípulos
de Salomón Landau”.
En esa correspondencia se expone parte de una teoría económica no
aceptada por las escuelas principales.
Antes
de publicar nada de lo que me enviaban, investigué sobre esas
teorías. No hallé nada publicado sobre ellas. Ni siquiera se
mencionan en ninguna publicación especializada.
Los
discípulos de Salomón han sido más prudentes que su maestro:
No dan a conocer sus nombres.
Solo nos hicieron llegar sus teorías.
Unas teorías que mezclan economía, misticismo y utopía a partes iguales.
Hemos
oído hablar de la Escuela Económica de Chicago, la monetarista, la
de la Elección Pública, etc., etc., pero nunca nos han hablado de
la escuela disidente, la “Escuela
Económica Clandestina”.
El
dinero.
La
riqueza se medía por el dinero. Pero el dinero ha pasado de ser una
medida de la riqueza a ser la encarnación de la riqueza.
El
dinero siempre se define como un medio económico de transacción,
pero el dinero, en realidad, es otra cosa. Una cosa mucho más
terrible. El dinero es algo diabólico. El dinero son “vidas
acumuladas”.
Cuando un multimillonario se compra un yate por valor de mil millones
de dólares, lo que está haciendo es comprar las vidas de aquellos
que lo construyen. Tiene dinero para pagar ese tiempo de sus vidas.
Dinero para que ese tiempo se lo dediquen a él, a su proyecto. La
verdadera riqueza se mide en las “vidas
que puedes comprar”.
Acumular
dinero es, pues, acumular vidas. Vidas ajenas, porque la tuya tiene
fecha de caducidad; te pongas como te pongas, la tiene. Está ahí,
escrita en tu carta astral. Tu hora de la muerte la tienes fijada
desde que naces. Así que no hay caso: al acumular dinero no te
compras más vida para ti, acumulas las vidas de los otros, que luego
se convertirán en sirvientes o servicios, en mercancías o en
viajes, o en cultura.
El dinero aprisiona la vida de los
otros. Esa esclavitud es la
primera huella de Satanás.
La
doble vara de medir.
La
siguiente huella de Satanás
es la desigualdad: “la
doble vara de medir”.
Las teorías de la economía no se aplican por igual a todos los que
viven bajo un sistema económico. A unos se les aplican las leyes con
toda su crudeza. A los otros, las leyes económicas solo se les
aplican nominalmente.
Si los discípulos de Salomón
Landau,
contra la primera de las huellas, no parecen haber encontrado
paliativo; de la segunda, decían que era administrable.
Razonaban
de este modo:
En
una sociedad capitalista, el capitalismo solo se aplica a los que no
tienen influencias, a los que no tienen propiedades, a los que no
disponen de dinero. A esos se les hace productivos. A los demás se
les abandona a sí mismos. La sociedad no les impone un
comportamiento económico adecuado.
En nuestra sociedad, si un
empleado no hace bien su trabajo, es expulsado de su puesto. Eso,
jurídicamente, significa que se le priva de sus medios para
procurarse sus ingresos. Así se incentiva que los pobres se
esfuercen en hacer bien su trabajo.
Cuando un rico no hace
bien su trabajo, cuando no administra bien su fortuna, ¿qué le
sucede? Nada. A los ricos no se les aplica ningún correctivo para
que administren bien sus fortunas, para que maximicen sus
ganancias.
Este comportamiento de la “economía real”, que
solo incentiva a los pobres a realizar bien su trabajo y que ignora
cualquier mecanismo para incentivar el buen gobierno de las grandes
fortunas, es extremadamente ineficiente para la Economía Global. Lo
más racional sería que se presionase para la buena administración
de las grandes fortunas.
La propuesta de estos economistas
para reformar el capitalismo era la siguiente:
Para incentivar
la buena administración, el mecanismo ideal debería estar
fundamentado en el correctivo que utiliza la economía con los
pobres. Si repasamos ese mecanismo, vemos que la clave está en que,
al que no realiza bien su trabajo, se le priva de los medios para
obtener sus ingresos. ¿Cómo se podría aplicar este principio al
capital?
Si una fortuna de diez millones de euros obtuviera
una ganancia del 5 %, puede que fuera adecuada. Pero si la fortuna es
de mil millones, una ganancia del 5 % sería claramente insuficiente.
Esa fortuna estaría mal gestionada. ¿Qué se podría
hacer?
Retirarle inmediatamente los medios para obtener sus
ingresos, que es lo que se hace con los pobres. Si al cabo del año
fiscal el propietario no ha obtenido los suficientes ingresos como
para considerar esa fortuna bien administrada, nos llevaría a
confiscarle su fortuna.
Pero eso privaría al propietario de
tiempo para enmendar la mala administración de esa fortuna. Sería
más prudente sugerir que, de esa fortuna mal administrada, se
confiscase solo el 10 % de la misma.
En diez años, si no ha
mejorado su gestión, sus ganancias, la totalidad de su fortuna le
sería arrebatada. Ese mecanismo permitiría mejorar la gestión
global de las grandes fortunas, con el consiguiente beneficio para la
sociedad.
Todos los años, las Haciendas publicarían las
tablas de los resultados mínimos para que una fortuna se considere
bien administrada, dependiendo del monto de las mismas.
El
dinero retirado a los propietarios no lo deberían administrar ni los
políticos ni los funcionarios. Se les debería confiar a aquellos
que hubieran administrado mejor sus fortunas.
Estos
economistas pasaron a la clandestinidad en los años noventa. Desde
entonces, cualquier noticia sobre ellos o sus teorías solo se
publica en forma de rumor o de relato. No es censura, es
autoprotección.
Actualmente, no está demostrada la
existencia de esa escuela clandestina. Sus presuntas teorías se
consideran peligrosas. Son radicales y disidentes, no estudian en
ninguna universidad. Solo circulan en forma de escritos apócrifos
por internet.
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.