jueves, 7 de mayo de 2026

034 Teorías económicas clandestinas. Discípulos de Salomón Landau.


Los discípulos de Salomón Landau y la Reforma del Capitalismo. Escuela de Economía clandestina.
La vida de Salomón Landau fue efímera, pero Salomón Landau fue un mártir de su propia causa, de sus teorías. Los mártires, aquellos que son sacrificados en aras de sus ideas, dejan discípulos tras de sí.


A raíz de la publicación de la Historia de Salomón, he recibido una correspondencia anónima de quienes se denominan “Discípulos de Salomón Landau”. En esa correspondencia se expone parte de una teoría económica no aceptada por las escuelas principales.

Antes de publicar nada de lo que me enviaban, investigué sobre esas teorías. No hallé nada publicado sobre ellas. Ni siquiera se mencionan en ninguna publicación especializada.

Los discípulos de Salomón han sido más prudentes que su maestro:


  • No dan a conocer sus nombres.



  • Solo nos hicieron llegar sus teorías.



  • Unas teorías que mezclan economía, misticismo y utopía a partes iguales.



Hemos oído hablar de la Escuela Económica de Chicago, la monetarista, la de la Elección Pública, etc., etc., pero nunca nos han hablado de la escuela disidente, la “
Escuela Económica Clandestina”.

El dinero.

La riqueza se medía por el dinero. Pero el dinero ha pasado de ser una medida de la riqueza a ser la encarnación de la riqueza.

El dinero siempre se define como un medio económico de transacción, pero el dinero, en realidad, es otra cosa. Una cosa mucho más terrible. El dinero es algo diabólico. El dinero son “
vidas acumuladas”. Cuando un multimillonario se compra un yate por valor de mil millones de dólares, lo que está haciendo es comprar las vidas de aquellos que lo construyen. Tiene dinero para pagar ese tiempo de sus vidas. Dinero para que ese tiempo se lo dediquen a él, a su proyecto. La verdadera riqueza se mide en las “vidas que puedes comprar”.

Acumular dinero es, pues, acumular vidas. Vidas ajenas, porque la tuya tiene fecha de caducidad; te pongas como te pongas, la tiene. Está ahí, escrita en tu carta astral. Tu hora de la muerte la tienes fijada desde que naces. Así que no hay caso: al acumular dinero no te compras más vida para ti, acumulas las vidas de los otros, que luego se convertirán en sirvientes o servicios, en mercancías o en viajes, o en cultura.

El dinero aprisiona la vida de los otros. Esa esclavitud es
la primera huella de Satanás.

La doble vara de medir.

La siguiente huella de
Satanás es la desigualdad: “la doble vara de medir”. Las teorías de la economía no se aplican por igual a todos los que viven bajo un sistema económico. A unos se les aplican las leyes con toda su crudeza. A los otros, las leyes económicas solo se les aplican nominalmente.

Si los discípulos de
Salomón Landau, contra la primera de las huellas, no parecen haber encontrado paliativo; de la segunda, decían que era administrable.

Razonaban de este modo:

En una sociedad capitalista, el capitalismo solo se aplica a los que no tienen influencias, a los que no tienen propiedades, a los que no disponen de dinero. A esos se les hace productivos. A los demás se les abandona a sí mismos. La sociedad no les impone un comportamiento económico adecuado.

En nuestra sociedad, si un empleado no hace bien su trabajo, es expulsado de su puesto. Eso, jurídicamente, significa que se le priva de sus medios para procurarse sus ingresos. Así se incentiva que los pobres se esfuercen en hacer bien su trabajo.

Cuando un rico no hace bien su trabajo, cuando no administra bien su fortuna, ¿qué le sucede? Nada. A los ricos no se les aplica ningún correctivo para que administren bien sus fortunas, para que maximicen sus ganancias.

Este comportamiento de la “economía real”, que solo incentiva a los pobres a realizar bien su trabajo y que ignora cualquier mecanismo para incentivar el buen gobierno de las grandes fortunas, es extremadamente ineficiente para la Economía Global. Lo más racional sería que se presionase para la buena administración de las grandes fortunas.

La propuesta de estos economistas para reformar el capitalismo era la siguiente:

Para incentivar la buena administración, el mecanismo ideal debería estar fundamentado en el correctivo que utiliza la economía con los pobres. Si repasamos ese mecanismo, vemos que la clave está en que, al que no realiza bien su trabajo, se le priva de los medios para obtener sus ingresos. ¿Cómo se podría aplicar este principio al capital?

Si una fortuna de diez millones de euros obtuviera una ganancia del 5 %, puede que fuera adecuada. Pero si la fortuna es de mil millones, una ganancia del 5 % sería claramente insuficiente. Esa fortuna estaría mal gestionada. ¿Qué se podría hacer?

Retirarle inmediatamente los medios para obtener sus ingresos, que es lo que se hace con los pobres. Si al cabo del año fiscal el propietario no ha obtenido los suficientes ingresos como para considerar esa fortuna bien administrada, nos llevaría a confiscarle su fortuna.

Pero eso privaría al propietario de tiempo para enmendar la mala administración de esa fortuna. Sería más prudente sugerir que, de esa fortuna mal administrada, se confiscase solo el 10 % de la misma.

En diez años, si no ha mejorado su gestión, sus ganancias, la totalidad de su fortuna le sería arrebatada. Ese mecanismo permitiría mejorar la gestión global de las grandes fortunas, con el consiguiente beneficio para la sociedad.

Todos los años, las Haciendas publicarían las tablas de los resultados mínimos para que una fortuna se considere bien administrada, dependiendo del monto de las mismas.

El dinero retirado a los propietarios no lo deberían administrar ni los políticos ni los funcionarios. Se les debería confiar a aquellos que hubieran administrado mejor sus fortunas.


Estos economistas pasaron a la clandestinidad en los años noventa. Desde entonces, cualquier noticia sobre ellos o sus teorías solo se publica en forma de rumor o de relato. No es censura, es autoprotección.

Actualmente, no está demostrada la existencia de esa escuela clandestina. Sus presuntas teorías se consideran peligrosas. Son radicales y disidentes, no estudian en ninguna universidad. Solo circulan en forma de escritos apócrifos por internet.

FIN



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