Entramos
en el pueblo por la carretera polvorienta. Estacionamos en la plaza.
Un policía, amable y aburrido, nos dio la bienvenida. Se informó de
dónde veníamos. Después de preguntar por la cantina, hacia ella
nos dirigimos. La cantina olía a tienda de pueblo. Era una tienda de
pueblo. En ella se vendía pan, aceite, frijoles, detergente, maíz y
aperos de labranza. Al fondo, dos mesas enormes de sólida madera.
Cada una de ellas flanqueada por dos bancos, no menos enormes que las
mesas.
viernes, 21 de marzo de 2025
viernes, 7 de marzo de 2025
005 La cárcel perfecta *
Los
diseñadores de cárceles dejaron de ser los arquitectos. El cambio
de paradigma se forjó con el aumento de la población reclusa.
Simplemente, no se podía mantener a tanta gente en la cárcel.
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