lunes, 21 de abril de 2025

008 Memorandum

Los dioses pueden parecer locos, pero no lo están.

 

 Los dioses pueden parecer irracionales, pero no lo son. Los dioses pueden parecer que no existen, pero sí que existen. Entonces, ¿por qué los dioses parecen caer en contradicciones? La respuesta es tan simple que da risa cuando te la dicen. Al parecer, los hombres molestaban a los dioses; les molestaban demasiado. ¿Cómo molestan los hombres a los dioses? Sencillo: les molestan con sus peticiones, con sus oraciones. Los hombres son insaciables pidiendo, nunca terminan sus peticiones; molestan mucho.

Hace ya mucho tiempo que los dioses, cansados, se reunieron y se preguntaron:
¿qué hacer? Y decidieron retirarse del mundanal ruido, del ensordecedor barullo de las oraciones personales. Se propuso que al menos quedase uno de ellos a cargo de los hombres; no en vano habían invertido muchos deseos realizados en ellos.

Y así fue como nació el concepto de
un solo y único Dios, el Dios de dioses, el Todopoderoso. Alguno de los dioses, concretamente Némesis, arguyó que existían dos problemas. El primero: depositar todo su poder en manos de solo uno de ellos era excesivo. El segundo: que los hombres podían acostumbrarse a un solo tipo de dirección y acabar olvidando a los otros. No nos engañemos, la vanidad existe hasta en el Olimpo. Esa perspectiva desagradó a más de uno. Al final, se argumentó: “Si la decisión había sido tomada en consorcio, era mejor asignar una dirección colegiada”.

Lo que podríamos denominar
Dios et alia, o Dios S.A., o el Dios Consorcio, etc., etc. La idea tomó forma jurídica y, en un acto entrañable, el documento fue firmado por todos los dioses. A partir de aquel momento, los dioses fueron abandonando uno a uno sus templos y cediendo ante la idea del Dios único y solo, más aburrido para los mortales, pero más descansado para los propios dioses.

La dirección colegiada se instauró como un turno riguroso de todos los dioses. Interpretarían el papel del Dios único en sus respectivos turnos. La idea, que agradó a todos, comenzó a funcionar como una gran esperanza a comienzos del año cero de nuestra era.

Sucedió que el tiempo teórico de relevo de cada dios venía a ser de unos quinientos millones de años humanos, pero el relevo, al principio, fue de unos cuatro años. Atender a todas las almas era una labor ardua, incluso para un dios todopoderoso. En la actualidad, el tiempo medio entre relevos es de unos seis meses.

Sin embargo, hemos de reconocer que con los diferentes dioses sucede lo que con los diferentes actores de una obra: cada uno acaba adaptando el papel a sus diferentes personalidades o actitudes. De este modo, podemos afirmar que no ha sido igual la interpretación de
Venus en el papel de Dios que la interpretación que le da Shiva.

Por eso, algunos hombres de gusto refinado han detectado diferencias que se les antojan insoportables. No solamente, dicen los exegetas cristianos, las respuestas a las mismas preguntas no son iguales, sino que difieren para
hebreos, musulmanes y cristianos, y dentro de estos últimos para ortodoxos, católicos o luteranos.

Entendemos que adaptarse a un papel es difícil. Cuando se tienen personalidades muy fuertes, muy distintas, sabemos que es más difícil aún. Creemos que ustedes, los dioses, deben adaptar sus comportamientos al guion y seguirlo escrupulosamente; de otro modo, los hombres empezarán a creer cosas extrañas. No que las diferencias son aleatorias, sino que lo que es aleatorio es la respuesta en sí misma. Es decir, empezarán a replantearse la existencia de Dios; abrirán ustedes paso al ateísmo. No cabe duda de que esto no beneficiaría a nadie, ni siquiera a los hombres.

Les ruego que obren las medidas oportunas para corregir
estas diferencias interpretativas.

Atentamente,

FIN

 
 

 








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