domingo, 7 de diciembre de 2025

023 !No se siente Vd. ahí!

Un restaurante. Llega un nuevo cliente. Se va a sentar en un sitio. El camarero, solícito, le conmina:


—¡No se siente usted ahí!

Extrañeza.

—Por aquí, por favor —y le sienta algo más allá.

Se repite la escena dos veces, con distintos clientes.

Ya hay varias personas sentadas. El camarero les atiende. Sirve las bebidas, toma nota, etc.; todo muy normal. Sin embargo, hay algo extraño en el ambiente. Los comensales no podían evitarlo: de vez en cuando volvían la vista hacia la silla prohibida (la silla, imperceptible, se estremece).

El camarero no está presente. De pronto, alguien se levanta. Murmura: —
¡Ya está bien, hombre! —y se dirige hacia la silla prohibida. Se sienta. Se ve un fogonazo y se oye un grito.

El camarero, en otra habitación. Tropel de gente, como si salieran corriendo. El camarero cierra los ojos y va hacia la puerta del comedor, murmura:
Ya está. Otra vez. Es que no aprenden. Es terrible. Por el camino, coge una percha de un montón.

Entra en el comedor. Desorden. Se acerca a la mesa. Sobre la mesa y la silla prohibida está la ropa del que se ha sentado en ella. El camarero la recoge, la pone en la percha. Se aleja con la percha y la ropa, rezongando todo el tiempo cosas como:
Sí, son incorregibles, nadie tiene la menor disciplina ni el menor respeto, qué se habrán creído, etc., etc.

Llega con la ropa al fondo de la habitación. Abre una puerta. Empuja otros vestidos colgados y pone el último. A la luz de una bombilla cutre se ven cientos de vestidos colgados de perchas, de anteriores víctimas. El camarero comenta:
“Lo malo es que este tampoco será el último”.

FIN

 
 

 



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