Primero, levantaron la carta astral de la calle. Luego, la de cada
uno de sus edificios. Después, unificaron las cartas, reduciéndolas
a una sola y común. Cuando la tuvieron calculada, rescataron a los
genios caldeos de su encierro. Los convocaron en las diez esquinas de
la calle. Eregbuo,
Afut, Tepisatosoa
pasaron a ser sus guardianes. Eran los que abrirían el mecanismo de
las puertas en el instante preciso.
Un día lóbrego, con la
Luna y Marte compartiendo grado en Aries, en un local de la calle
abrieron una armería. Un negocio común e insignificante. Vendía
réplicas de armas. Otro día, entró en ella un cliente. Mejor
dicho: aquel fue El
Día
y aquel era El
Cliente.
Su mirada se detuvo sobre la réplica de un Tavor.
Salió de la armería con el Tavor
envuelto entre las manos.
El desconocido subió por la calle,
detuvo un taxi y se dirigió a la estación. Se situó en la salida
del andén. La vio venir hacia él, con una maleta rosa.
Parsimoniosamente, desenvolvió la réplica del TR21.
Apuntó. Nadie se fijó en él cuando lo hacía. Apretó el gatillo.
La muchacha cayó, al ritmo del traqueteo de la ráfaga. Gritos.
Carreras. La policía llega, le detiene. El desconocido no ofrece
resistencia. Le quitan la réplica de las manos. Él solo murmura:
“He
matado a Satanás”.
La
investigación no fue concluyente. No existe arma homicida. Una
réplica no puede disparar. A pesar de ello, hay testigos que afirman
que aquella fue el arma y aquel el asesino.
Post
scriptum:
“Tavor”
es el monte donde Jesús se transfigura, pero también es el nombre
de un subfusil del ejército israelí. El relato incide en una
transformación misteriosa y terrible. El protagonista no es la
presunta víctima, ni el que aprieta el gatillo, ni siquiera el arma
simulada que se transfigura dos veces; el protagonista parece que es
la calle y un mecanismo que se modifica a voluntad, pero tampoco lo
es, porque los protagonistas son los que diseñan la trampa y
modifican la realidad para cambiar un futuro tan desconocido como
ellos. Ellos, los sabios de los que nadie sabe nada, son los
protagonistas porque mueven los hilos de la historia y la mano del
Autor.
FIN

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